Con La Ilusión Intacta

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Escrito Por: Camilo Velásquez

El día comienza muy temprano en el mar, no para los turistas, pero si para los habitantes de la costa, para los responsables de internarse en la inmensidad azul y buscar lo que sea que pueda quedar atrapado entre las redes. La vida en el mar, no siempre es más sabrosa y eso lo han aprendido Brandon Mena y Carlos Mosquera. En las costas de Masachapa, ha emergido algo más que los frutos del mar, ha emergido un equipo de fútbol modesto, humilde y luchador. Un equipo integrado por jugadores locales y por tres jugadores extranjeros, uno mexicano y dos colombianos: Brandon y Carlos.

Uno mediocampista y el otro portero, comparten algo más que la nacionalidad. El primero, Brandon, nacido en Cartagena de Indias y el segundo, Carlos en Chocó, comparten haber escogido el fútbol como bandera de esperanza para escapar de la pobreza y de la violencia en su país natal. Ambos escogieron la pelota por sobre las armas, las drogas y el crimen organizado.

“Al principio mis padres no me apoyaban, no querían que fuese futbolista. Siempre se preocuparon que estudiara a pesar de sus limitaciones” señala Brandon que llegó a Nicaragua porque un empresario lo vio jugar en una liga libre de la costa colombiana y pensó que el mercado nicaragüense podría ser conquistado por su nuevo representado. Mena llegó al equipo más histórico de Nicaragua, Diriangén, donde no pudo crear un legado como era esperado, pero sí consiguió clasificar a una final con el Decano. “En Nicaragua me enamoré, me casé y ahora espero lo mejor que me ha pasado en la vida…a mi hijo que será nicaragüense”.

“Las circunstancias fueron duras, cuando salí de casa tuve que trabajar en distintos frentes porque del fútbol no se podía vivir. Me tocó vivir solo y trabajar como guarda de seguridad para poder comer, pero siempre existe la esperanza de que la suerte del fútbol te sonría y se abra una ventana” cuenta Mosquera, que ha impresionado con sus atajadas como guardián del marco de San Francisco. “Dicen que hay algunos equipos que han preguntado por mí, pero nadie me ha dicho nada” cuenta mientras se acomoda su sombrero negro y sonríe.

En las casas donde habitan no hay televisión ni internet inalámbrico y en el equipo donde juegan tampoco hay sueldo. La directiva del San Francisco FC tiene cuatro meses de retraso en el pago de sus honorarios y en más de una ocasión han tenido que pedirle a la gente del pueblo para comprar insumos básicos. “Nos tratan muy bien acá, nos atienden con esmero y la comida no falta, pero sin plata… es complicado” afirman los sudamericanos que viven la parte dura de apostar por un sueño, viven con las completas y habiendo agotado los pocos ahorros con los que contaban, no pueden pagar la multa por haber permanecido más tiempo de lo permitido por la Dirección de Migración nacional y añorando ver a sus familias por un minuto aunque sea. ¡Es ésta la cara fea del fútbol, la que no se mira en la televisión, la que no incluye contratos millonarios por publicidad y donde no se pagan doscientos millones de euros por recisión de contrato como acaba de hacer el PSG por Neymar Jr!

“Me moví desde Colombia hasta Belice para jugar allá, porque un parcero (amigo) me recomendó, pero en mi afán por regresar a mi país, vine a Nicaragua esperando una mejor oportunidad” cuenta Mosquera, pero esa oportunidad nunca llegó. “Una de las cosas más duras que me ha pasado en Nicaragua es recibir la negativa de cada puerta a la que golpeé sin siquiera darme una oportunidad por mostrar lo que podía hacer, nadie quiere gastar un cupo de extranjero en un portero”.

Brandon Mena tampoco ha tenido un camino fácil, en Nicaragua le ha tocado trabajar en muchas otras cosas para poder subsistir y más allá de contar con amigos que lo apoyan de vez en cuando, tiene una angustia perenne que le quita el sueño. “Vos sabés que uno es guerrero y va siempre para adelante, que si toca pasarla mal pues uno la pasa, pero esa situación de no tener la certeza de poder comprarle las cositas a tu hijo que está por nacer es muy cruel, yo entiendo que en Nicaragua las cosas son difíciles para los futbolistas, pero no saber cómo hacer para comprarle a tu hijo una cuna, un coche, ropita o leche es de lo más difícil que me ha tocado pasar”. El 10 del San Francisco de Masachapa dice amar a Nicaragua aunque no sea el principal fanático de nuestro plato nacional. “Cuando llegué no podía ver el Gallo Pinto, lo odiaba y durante unas semanas comí hotdogs y hamburguesas, pero la plata se fue acabando y el paladar acostumbrando, ahora como Gallopinto como si toda la vida lo hubiese hecho”.

La dura situación que vive el último de la tabla en la Liga Primera ha hecho eco en algunos colegas que se han hecho presentes para apoyarlos. “No me da pena decirlo, dos jugadores de uno de los equipos grandes de acá, nos hicieron llegar unas cajas con alguna comida y artículos de limpieza” cuenta Mena mientras sonríe al recordar lo poco que duraron las provisiones, “nos duraron dos semanitas que fueron dulces, pero ahora estamos nuevamente esperanzados en poder cobrar y seguir adelante”.

San Francisco FC es un equipo con doble identidad, está registrado bajo ese nombre aunque en realidad, son los herederos del desaparecido Masachapa FC. La franquicia fue inscrita en Diriamba, Carazo, por un grupo de jóvenes que quisieron darle vida a una contraparte de Diriangén, pero un grupo de pescadores se reunieron con la ilusión de devolverle al pueblo pesquero la posibilidad de ver fútbol de Primera División. El camino fue sinuoso, la negativa del ente rector en Nicaragua negó la posibilidad de jugar como local en casa durante su ascenso y los “Delfines” jugaron durante mucho tiempo como local en Diriamba. Finalmente, la venia llegó y se pudo jugar como en casa, en una cancha que en realidad es un terreno fangoso con dos porterías en los costados.

“Fue muy lindo darle a la gente de Masachapa el ascenso” recuerda Brandon, el único extranjero que fue parte de la proeza. “Aquí la gente vive el fútbol como en pocos lados del país, son muy apasionados y no me da miedo decir que es una de las mejores aficiones. Nos siguen a todos lados y tenemos mucha más gente alentando cuando jugamos de local aunque lo hagamos fuera del pueblo, llega más gente a vernos jugar que a muchos equipos tradicionales”.

El San Francisco FC vive gracias al presupuesto municipal de la Alcaldía de San Rafael del Sur y gracias a la colaboración

de algunos pescadores de la zona. Pero dentro de las prioridades edilicias, el pago de la planilla de jugadores no está en la zona alta. Con un índice de pobreza del 6.2% de sus pobladores, San Rafael del Sur es el municipio más pobre en albergar a un equipo de Primera División actualmente y esas carencias económicas han rodeado al Club que en su primera experiencia en nuestra liga élite, acumuló 12 puntos y recordará para siempre sus empates frente al gigante Real Estelí, su debut frente al Walter Ferretti y su victoria frente a Diriangén.

La esperanza no se pierde nunca, el futbolista nunca deja de pensar en un futuro mejor que garantice la grandeza deportiva o en el mínimo caso, un sueldo estable. “Lo que quisiéramos es solo un poco de estabilidad, es muy duro estar en un país que no es el tuyo, lejos de tu familia, de tus amigos, de tu comida y sin dinero” cuentan los colombianos que además de practicar fútbol intentan construir una máquina para tele transportar lo que más añoran de su terruño, “quisiéramos tener una máquina que nos trajera a nuestras familias y un poquito de comidita colombiana, es triste ir a los estadios y saber que nadie está ahí para apoyarte, vemos a los familiares de nuestros compañeros y nosotros estamos solos”.

“No nos podemos quejar, estamos vivos y tenemos comida, pero por sobre todas las cosas podemos jugar fútbol” dice Brandon que espera la suerte les sonría pronto y que los Dioses del fútbol les iluminen el camino.

Cuando el sol se encuentra cerca del poniente, los dos colombianos que representan al San Francisco de Masachapa, esperan que desde el mar surja, mientras caminan por la costa, un rayito de ilusión que los empuje a continuar con el sueño de vivir y de jugar al fútbol.

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