¿Porqué Oscar Duarte?

¿Porqué Oscar Duarte?

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Escrito Por: Camilo Velásquez

Es muy raro que ustedes, quienes nos leen, me vean hacerlo en primera persona. Lo haré en esta ocasión porque deseo distanciar lo más posible mi postura personal de la institucional. Les pido, algo que nunca hago, que antes de tildarme de xenófobo o de acusarme de nacionalista burdo, lean mi escrito integralmente y que después me acusen de lo que quieran.

Nicaragua vivirá el 2 de junio un día histórico para el fútbol porque por primera vez en nuestra historia un equipo de la CONMEBOL pisará suelo pinolero y porque enfrentaremos a Bolivia en un choque inédito. El marco es inmejorable, los nobles espíritus de la remontada contra Haití habitan con perennidad el proyecto de estadio y aun zumban los oídos con los tres eufóricos alaridos de gol. El país ha decidido pintarse de azul y blanco y todos esperamos con ansias la segunda participación en Copa Oro de nuestra historia.

FENIFUT, acertadamente, ha atinado a programar partidos amistosos de importante nivel como lo son los dos partidos contra Bolivia, uno contra Curacao, uno contra Honduras y negocia partidos contra Guadalupe y contra la Guyana Francesa. La convocatoria o no de Jaime Moreno se ha discutido en todos los medios de comunicación y el tico Henry Duarte es, desde ya, considerado como el mejor entrenador en la historia de Nicaragua.

Dentro de tanto ambiente futbolístico se anuncia con bombos y platillos la llegada del costarricenses Oscar Duarte a Nicaragua como “invitado de honor” para presenciar el partido. No es de extrañarse, Nicaragua se ha convertido en una sociedad que brinda honores (que han sido creados para enaltecer enormes gestas) a cualquier mortal con la única intención de ser congraciados y poder alcanzar pequeños espacios televisivos. El zaguero costarricense que milita en el Espanyol de Barcelona y que alcanzó niveles de popularidad de altos ribetes tras marcar un gol en la Copa del Mundo de Brasil 2014, será recibido con bombos y platillos en nuestra casa.

No tengo nada contra Oscar Duarte, me encanta su historia de superación. La misma historia que durante décadas realzó César Meléndez en su obra “El Nica”, la misma historia que a diario viven nuestros compatriotas mientras tratan desesperadamente de huir de la pobreza y la desesperanza. La historia de Oscar Duarte es la tan repetida historia de exilio que tuvo lugar en nuestro país y en nuestra región durante las cruentas guerras civiles centroamericanas.

Realzar historias como la Oscar Duarte es positivo para finalizar, de una vez por todas, la mal infunda percepción bilateral que existe a ambos lados de la frontera y permite entender que más allá de las fronteras, somos seres humanos con los mismos requerimientos, necesidades y sueños. Que más allá de las diferencias en niveles educativos, en índices del Producto Interno Bruto, en niveles de desnutrición y estabilidad macroeconómica, somos las mismas personas de carne y hueso con sangre roja en las venas y no de otro color.

Oscar es nicaragüense, lo es porque así lo establece la Constitución Política de la República de Nicaragua en su artículo 16 en sus incisos 1 y 2. Pero Oscar ha decidido vestir otra camisa, ondear otra bandera, entonar otro himno nacional, jurar lealtad a otra patria y defender a otra Selección Nacional. Ojo porque eso no lo convierte en un pecador, ni le hace perder su derecho a definirse como un nacional.

Pero ¿verdaderamente Oscar se siente nica? Eso únicamente lo puede saber Oscar y nadie más. Si el ama o no a Nicaragua tanto como a Costa Rica solo lo puede responder Oscar, si visita a Nicaragua por apegarse a su arraigo o solo por visitar a sus familiares, eso solo lo puede saber Oscar. Lo que si es cierto es que haber nacido en Catarina y jugar en Europa no es mérito suficiente para considerarlo un héroe del fútbol nacional y tampoco para brindarle el estatus de “invitado de honor”.  Disculpen mi enanismo, porque como dijo César Meléndez: “ser nacionalista es ser enano”.

Insisto en que mi crítica no va hacia Oscar Duarte, sino que hacia los personeros de la Federación Nicaragüense de Fútbol. ¿No era acaso este partido la vitrina perfecta como para brindar un reconocimiento a las glorias de nuestro fútbol? ¿No merecen más Peché Jirón, Mauricio Cruz, Manuel Cuadra, Livio Bendaña, Roger Mayorga el estatus de “invitado de honor”?

Entiendo que la historia de Duarte sea inspiradora y que, tal y como ha dicho Henry Duarte, se requiera replicar en Nicaragua el fútbol de Costa Rica. Pero ¿Por qué honrar a alguien que no ha hecho nada por nuestro país más que nacer en Catarina? ¿Por qué condenarnos voluntariamente a repetir la maldición del malinche y olvidarnos de los futbolistas que en algún momento sudaron la Azul y Blanco con amor y sacrificio?

No es éste un artículo que pretende alterar los siempre volátiles ánimos en Peñas Blancas, fue lindo ver a Nicaragua celebrar la grandeza alcanzada por Costa Rica en Brasil, fue lindo olvidarnos sobre las absurdas disputas por soberanía. Compartimos el sufrimiento causado por el terremoto de San José en 2009 y el paso del Huracán Otto a finales del año pasado, vivimos a diario el drama de La Carpio y del paso de decenas de compatriotas por el San Juan hacia el Colorado.

Una vez más deseo pedir disculpas por mi exacerbado enanismo nacionalista, pero el fútbol es simplemente un juego y nos permite defenderlo con irracionalidad. El fútbol nicaragüense debe honrar a un gestor del futbol nicaragüense porque ¿si no honramos nosotros a nuestras propias glorias futbolísticas, habrá que hacer fila y esperar que las honren en otro lado, quizá en Costa Rica? ¿De qué sirve un busto, como el hecho para Salvador Dubois si los honores se deben dar en vida?

Finalizo preguntando sin deseo de encontrar respuesta… “Hay maldición del malinche ¿Cuándo dejarás mi tierra? ¿Cuándo harás libre a mi pueblo?”

Foto: FIFA

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